El INTA maximiza la productividad de pinos en Misiones

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 31 segundos

El proceso de mejoramiento genético forestal que lidera el INTA en Misiones constituye la base estratégica sobre la cual se asienta la calidad de las forestaciones en la región. Este trabajo técnico, que se extiende desde la selección de árboles superiores hasta la obtención de semillas certificadas, permite que la mejora en la productividad y la calidad de la madera se defina desde el origen genético del material.

Según Cristian Rotundo -investigador de la EEA Montecarlo, Misiones- el INTA lleva adelante programas de mejoramiento de pinos desde hace más de tres décadas. “el objetivo principal es identificar y multiplicar árboles superiores que permitan mejorar la producción y la calidad de las plantaciones”, indicó.

En términos de rendimiento, los resultados obtenidos por el área de mejoramiento genético forestal muestran saltos significativos. Según Rotundo, para la especie Pinus taeda, se registraron incrementos en volumen que alcanzan el 24 % en comparación con otros materiales de origen similar en la zona. Por su parte, el trabajo sobre Pinus elliottii permitió observar mejoras de hasta un 25 % respecto a las semillas provenientes de los primeros huertos establecidos en la provincia.

Otro de los puntos más destacados es la generación del pino híbrido FINTA-PINDO. De acuerdo con Rotundo, los incrementos en volumen para estos materiales pueden llegar hasta el 48 % frente a materiales híbridos F2 implantados en la región.

Transferencia tecnológica: de los huertos al sector productivo

El resultado de la investigación se materializa cuando los avances llegan al territorio. Este flujo se articula a través de los viveros forestales, que funcionan como el eslabón operativo para materializar la genética en millones de plantines.

Luis Kutz, propietario del vivero Arco Iris en Puerto Esperanza, trabaja con materiales del INTA desde hace más de 25 años. “Hoy la industria busca cada vez mejor calidad de árboles: buen crecimiento, buena forma y ramas finas que permitan mejores rendimientos en el aserradero. Eso es lo que está logrando el trabajo del INTA”, explicó Kutz.

La importancia de este trabajo reside en la naturaleza de los ciclos productivos forestales, que oscilan entre los 15 y 25 años. En este esquema, la calidad del plantín inicial es el factor determinante del desempeño final. Por eso, mejoras en crecimiento, forma del árbol y calidad de madera se traducen, con el paso de los años, en diferencias significativas de volumen, rendimiento industrial y rentabilidad para el productor.

Al respecto, Rotundo destacó que la oferta local de materiales INTA logra reducir la dependencia de materiales que históricamente eran importados, fortaleciendo la soberanía tecnológica. “El INTA consolida su rol como generador de esta tecnología, transformando la investigación en una herramienta de producción, que se transfiere a los viveros y se expresa luego en cada plantación forestal”, concluyó.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *